{"id":577,"date":"2025-07-31T14:28:19","date_gmt":"2025-07-31T14:28:19","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficio.cl\/?p=577"},"modified":"2026-04-05T23:46:53","modified_gmt":"2026-04-05T23:46:53","slug":"quien-engana-al-enganador","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficio.cl\/index.php\/2025\/07\/31\/quien-engana-al-enganador\/","title":{"rendered":"Dolo de ambas partes: quien enga\u00f1a al enga\u00f1ador&#8230;"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-cover is-light\" style=\"min-height:450px;aspect-ratio:unset;\"><span aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-cover__background has-background-dim\" style=\"background-color:#94866b\"><\/span><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"800\" height=\"349\" src=\"https:\/\/eloficio.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/La_Celestina_y_los_enamorados_Paret-1.jpg\" class=\"wp-block-cover__image-background wp-post-image\" alt=\"\" data-object-fit=\"cover\" srcset=\"https:\/\/eloficio.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/La_Celestina_y_los_enamorados_Paret-1.jpg 800w, https:\/\/eloficio.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/La_Celestina_y_los_enamorados_Paret-1-300x131.jpg 300w, https:\/\/eloficio.cl\/wp-content\/uploads\/2025\/07\/La_Celestina_y_los_enamorados_Paret-1-768x335.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><div class=\"wp-block-cover__inner-container is-layout-constrained wp-block-cover-is-layout-constrained\">\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><\/p>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<div class=\"bs-widget-title one\"><h4 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><strong>Partes que se enga\u00f1an rec\u00edprocamente<\/strong> <\/h4><div class=\"border-line\"><\/div><\/div>\n\n\n\n<p>Dos empresas, que llamaremos <em>V<\/em> y <em>C<\/em>, negocian. Una (<em>C<\/em>) quiere comprar a la otra (<em>V<\/em>). Durante las tratativas, <em>C<\/em> enga\u00f1a a <em>V<\/em> con informaci\u00f3n relevante acerca de la solidez de las garant\u00edas personales que ofrece para pagar el saldo de precio. Negocian sobre un rango de precios que se pagar\u00e1 una parte al momento de la firma y el saldo en cuotas anuales durante los pr\u00f3ximos 5 a\u00f1os. Precisamente para asegurar el pago de este saldo, <em>V<\/em> exige garant\u00edas personales y acreditaci\u00f3n de solvencia de los garantes: <em>C<\/em> enga\u00f1a a <em>V<\/em> generando la apariencia de que los fiadores tienen bienes suficientes, cuando en realidad no los tienen. Por su lado, <em>V<\/em> tambi\u00e9n enga\u00f1a a <em>C<\/em>: adultera documentaci\u00f3n y genera una apariencia enga\u00f1osa para presentar su empresa como rentable cuando, en realidad, no lo es. Finalmente, la compraventa se celebra por 1000 millones.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasado un tiempo, pongamos dos meses despu\u00e9s de la celebraci\u00f3n del contrato, <em>C<\/em> advierte que fue enga\u00f1ada. Se da cuenta de que <em>V<\/em> fragu\u00f3 la rentabilidad de la empresa. A su vez, tambi\u00e9n <em>V<\/em> sale de su error: conoce la escasa solvencia de los garantes presentados. <em>C<\/em> pide la nulidad de la compraventa fund\u00e1ndose en el vicio del consentimiento. <em>V<\/em> (demandada) se opone al pedido de nulidad. Pese tener noticia del enga\u00f1o sobre los garantes, tambi\u00e9n sabe que <em>C<\/em>, gracias a otras operaciones comerciales posteriores a la celebraci\u00f3n, ha incrementado su patrimonio y no teme incumplimientos. Pide que se cumpla el contrato y al reproche consistente en haber inflado los estados contados contables responde: \u201chay dolo rec\u00edproco, yo tambi\u00e9n fui enga\u00f1ada, mi dolo es bueno\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s adelante voy a dar una respuesta jur\u00eddica con normas del ordenamiento chileno. Pero antes de hacerlo voy a permitirme una digresi\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div class=\"bs-widget-title one\"><h4 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><strong>La sabidur\u00eda popular<\/strong> <\/h4><div class=\"border-line\"><\/div><\/div>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/cvc.cervantes.es\/lengua\/refranero\/ficha.aspx?Par=59463&amp;Lng=0\"><strong>\u201c<\/strong>Quien roba a un ladr\u00f3n, tiene cien a\u00f1os de perd\u00f3n\u201d<\/a>. Esta famosa frase justifica el mal. En esta, su versi\u00f3n m\u00e1s conocida, encaja poco con nuestro caso, ya que ninguna de las dos empresas contratantes rob\u00f3 a la otra. Pero s\u00ed encaja la idea. Y de hecho hay otras variantes de la frase que est\u00e1n directamente emparentadas con el caso de las empresas: <a href=\"https:\/\/cvc.cervantes.es\/lengua\/refranero\/ficha.aspx?Par=59463&amp;Lng=0\">\u201cQuien burla al burlador cien d\u00edas gana de perd\u00f3n\u201d<\/a> y tambi\u00e9n \u201cyo te dir\u00e9, que quien enga\u00f1a al enga\u00f1ador&#8230; ya me entiendes\u201d (<a href=\"https:\/\/www.cervantesvirtual.com\/obra-visor\/tragicomedia-de-calisto-y-melibea-nuevamente-revisada-y-enmendada-con-adicion-de-los-argumentos-de-0\/html\/ffe3b10a-82b1-11df-acc7-002185ce6064_21.html\">Celestina XIX, 190<\/a>). La alcahueta Celestina, vieja astuta y enga\u00f1adora, tambi\u00e9n fue enga\u00f1ada. Y este enga\u00f1o no es reprochable.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"bs-widget-title one\"><h4 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><strong>El dolo bueno en el derecho romano<\/strong> <\/h4><div class=\"border-line\"><\/div><\/div>\n\n\n\n<p>Ulpiano (texto recopilado en D. 4,3,1,3) explica la raz\u00f3n por la que el pretor a\u00f1adi\u00f3 el adjetivo <em>malo<\/em>: se sanciona el dolo <em>malo<\/em>. Lo explica recordando que hay un dolo <em>bueno<\/em>, que no es punible. Los juristas m\u00e1s antiguos \u2014dice Ulpiano\u2014 usaban esta expresi\u00f3n para calificar ciertas astucias y maquinaciones permitidas, por ejemplo aquellas que una persona ejecuta para enga\u00f1ar a un enemigo o a un ladr\u00f3n (el caso escolar m\u00e1s usado para ilustrar el concepto de dolo bueno es el de las peque\u00f1as picard\u00edas admitidas permitidas por el derecho, pero aqu\u00ed no nos interesa este aspecto). Hay varios ejemplos de enga\u00f1o al enemigo (\u00a1qu\u00e9 encomiable!) en la literatura y la filosof\u00eda antiguas (ver referencias en Rubio, 2021, p. 326). Enga\u00f1o que se dirige \u201ccontra el enemigo o contra el ladr\u00f3n\u201d y quien lo realiza conoce esa calidad. Hay un cierto grado de astucia que es necesario para la autoprotecci\u00f3n (Rubio, 2021, 326). La justificaci\u00f3n tiene el aspecto de la leg\u00edtima defensa o estado de necesidad, una defensa de intereses leg\u00edtimos (Fuenteseca, 2002, p. 32). Quien enga\u00f1a sabe que el otro es ladr\u00f3n o enemigo. Pero en nuestro caso esto no puede operar este argumento. Dir\u00e9 por qu\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"bs-widget-title one\"><h4 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><strong>Saberse enga\u00f1ado es inviable desde el punto de vista l\u00f3gico con ser v\u00edctima de dolo-enga\u00f1o<\/strong> <\/h4><div class=\"border-line\"><\/div><\/div>\n\n\n\n<p>El conocimiento de la mentira de la contraparte impide calificar esa conducta (la mentira) como dolo-vicio.<\/p>\n\n\n\n<p>Retomemos el caso. La empresa <em>V <\/em>(cuyo enga\u00f1o consisti\u00f3 en generar una apariencia de mayores ganancias) no sab\u00eda que <em>C <\/em>la estaba enga\u00f1ando con la solvencia de los fiadores. Por tanto, no puede pensarse que las maquinaciones que despleg\u00f3 constituyen una defensa o reacci\u00f3n al enga\u00f1o sufrido. No sab\u00eda. El conocimiento de <em>C<\/em> descaratar\u00eda por s\u00ed solo el argumento que \u00e9l plantea (recordemos: \u201chay dolo rec\u00edproco, yo tambi\u00e9n fui enga\u00f1ada, mi dolo es bueno\u201d). Sufrir dolo implica estar en error; el dolo no est\u00e1 s\u00f3lo formado por el ardid desplegado por una persona para enga\u00f1ar a otra, sino tambi\u00e9n por el error (inducido por aquel ardid) en que se encuentra el destinatario de la maniobra. En resumen: si al caso hipot\u00e9tico le agreg\u00e1ramos el conocimiento de <em>V <\/em>de las mentiras acerca de la solvencia de los garantes, entonces ya no ser\u00eda v\u00edctima de dolo porque el dolo requiere el error. \u201cTanto en el dolo como en el error existe una falsa representaci\u00f3n de la realidad; sin embargo, en el primer caso es espont\u00e1neo, y provocado en el segundo\u201d (Alcalde, 2023, p. 193), aunque este error no sea de los que vician el consentimiento (Ugarte, 2024, p. 214).<\/p>\n\n\n\n<div class=\"bs-widget-title one\"><h4 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><strong>El problema del dolo rec\u00edproco<\/strong> <\/h4><div class=\"border-line\"><\/div><\/div>\n\n\n\n<p>En el caso que presentamos, ambas partes de un acto jur\u00eddico bilateral se han enga\u00f1ado rec\u00edprocamente y hemos dado por sentado que esos enga\u00f1os han generado sendas determinaciones a celebrar un acto que de otro modo no habr\u00edan celebrado. Pues bien, \u00bfcalifican esos enga\u00f1os como dolo anulador (dolo-vicio) o m\u00e1s bien son simplemente, cada uno, conductas dolosas que podr\u00edan generar responsabilidad, pero no nulidad?<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n podr\u00eda plantearse la cuesti\u00f3n jur\u00eddica en estos t\u00e9rminos: \u00bfes o no un requisito del dolo-vicio que la v\u00edctima del enga\u00f1o no haya actuado, a su vez, con enga\u00f1o? \u201cSi la respuesta fuera afirmativa, para declarar la nulidad del acto el juez deber\u00eda considerar probado el dolo del demandado y no probado \u2013al mismo tiempo\u2013 el dolo del demandante; si hubiera dolo de ambos la acci\u00f3n de nulidad no podr\u00eda prosperar\u201d (Grasso, 2020, pp. 606-607). Si esta fuera la soluci\u00f3n (nosotros discrepamos) la pretensi\u00f3n anuladora de <em>C<\/em> deber\u00eda ser desestimada. Tal ser\u00eda la soluci\u00f3n si aplic\u00e1ramos la interpretaci\u00f3n de Alessandri (a la que suelen adherir los autores chilenos): \u201ces menester que el dolo sea obra de <em>una sola de las partes contratantes<\/em> y no de las dos\u201d, de lo contrario el supuesto caer\u00eda dentro de los \u201cdem\u00e1s casos\u201d del inciso 2\u00b0 del <a href=\"https:\/\/www.bcn.cl\/leychile\/navegar?idNorma=172986&amp;idParte=8719389\">art. 1458 CC<\/a> (Alessandri, 2011, p. 201). Seg\u00fan esta interpretaci\u00f3n, estas conductas dolosas, rec\u00edprocas, podr\u00edan sustentar acciones de perjuicios, pero no de nulidad. Esta soluci\u00f3n que propone Alessandri \u2014hay que aclararlo\u2014 no deja sin sanci\u00f3n las conductas dolosas, s\u00f3lo las priva de efecto anulador. Podr\u00edamos decir, invirtiendo el valor del refr\u00e1n popular, \u201cno hay perd\u00f3n para quien enga\u00f1a a un enga\u00f1ador\u201d. Pues, si se dieran todos los requisitos, deber\u00e1 indemnizar.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es la opini\u00f3n de la mayor\u00eda de los autores chilenos. Con todo, el C\u00f3digo de Bello no ofrece una soluci\u00f3n expresa al problema del dolo de ambas partes en fase de formaci\u00f3n de los actos jur\u00eddicos bilaterales. En cambio, s\u00ed califican al dolo rec\u00edproco como neutralizante (una suerte de <em>compensatio doli<\/em> con efectos parecidos a los que Alessandri visualiza en el ordenamiento chilena pese a la falta de consagraci\u00f3n legislativa), entre otros, el C\u00f3digo Civil espa\u00f1ol (<a href=\"https:\/\/www.boe.es\/buscar\/act.php?id=BOE-A-1889-4763&amp;p=20250103&amp;tn=1#art1270\">art. 1270<\/a>), el C\u00f3digo Civil brasilero (<a href=\"https:\/\/www.planalto.gov.br\/ccivil_03\/leis\/2002\/l10406compilada.htm\">art. 150<\/a>) y el C\u00f3digo Civil y Comercial argentino (<a href=\"https:\/\/servicios.infoleg.gob.ar\/infolegInternet\/anexos\/235000-239999\/235975\/texact.htm#9\">art. 272<\/a>).<\/p>\n\n\n\n<div class=\"bs-widget-title one\"><h4 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><strong>Nuestra respuesta<\/strong> <\/h4><div class=\"border-line\"><\/div><\/div>\n\n\n\n<p>Tal como anticipamos, no compartimos la interpretaci\u00f3n mayoritaria de la doctrina chilena, que ilustramos con la posici\u00f3n de Alessandri.Pensamos que, en el estado actual de la legislaci\u00f3n chilena, el dolo rec\u00edproco de las partes no impide a cualesquiera de ellas obtener la declaraci\u00f3n de nulidad del acto o contrato afectado por el defecto cong\u00e9nito. La expresi\u00f3n \u201cobra de una de las partes\u201d del <a href=\"https:\/\/www.bcn.cl\/leychile\/navegar?idNorma=172986&amp;idParte=8719389\">art. 1458.1 CC<\/a>, que suele utilizarse como fundamento de la posici\u00f3n mayoritaria, en realidad excluye la virtualidad anuladora del dolo proveniente de tercero pero no del dolo rec\u00edproco, esto es, de ambas partes. Claramente la frase \u201cuna de las partes\u201d se opone a \u201cuna no-parte\u201d y no a \u201cdos partes\u201d (Grasso, 2020, p. 619).<\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco convence el argumento que se apoya en el principio <em>nemo auditur<\/em>, ya que en el caso ambas partes actuaron con <em>turpitudo <\/em>y, por lo tanto, su aplicaci\u00f3n deber\u00eda impedir cualquier alegaci\u00f3n, ya sea de quien acciona como de quien se defiende (Grasso, 2020, p. 619). Y tampoco convencen las razones se asientan en la excepcionalidad de las nulidades y en la necesidad de interpretaci\u00f3n restrictiva de aquellas leyes que establecen causas de invalidez de actos. En efecto, \u201csi quien pide la nulidad demuestra que sin el enga\u00f1o \u00e9l no hubiese contratado y que las maniobras han provenido de la otra parte, es decir, si demuestra que se cumplen los dos requisitos del art. <a href=\"https:\/\/www.bcn.cl\/leychile\/navegar?idNorma=172986&amp;idParte=8719389\">1458.1 CC<\/a>, no resulta f\u00e1cil identificar un motivo por el cual una interpretaci\u00f3n de la ley obligue a concluir que el dolo por \u00e9l desplegado hace inaplicable el precepto legal\u201d (Grasso, 2020, p. 619).<\/p>\n\n\n\n<p>Por tanto, creemos que procede la nulidad con todos los efectos que acarrea.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"bs-widget-title one\"><h4 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><strong>\u00bfY qu\u00e9 hay del dolo sufrido por <em>V<\/em>?<\/strong> <\/h4><div class=\"border-line\"><\/div><\/div>\n\n\n\n<p>Me refiero al enga\u00f1o desplegado por <em>C <\/em>en relaci\u00f3n con la solvencia de los garantes. En hip\u00f3tesis, este dolo tambi\u00e9n podr\u00eda haber justificado un pedido de nulidad. En el caso que imaginamos, no fue esto lo que sucedi\u00f3: <em>C<\/em> pidi\u00f3 la nulidad y <em>V<\/em> quer\u00eda conservar el acto. Se declar\u00f3 la nulidad y, en consecuencia, las partes estar\u00e1n obligadas a realizarse las prestaciones mutuas para \u201crestablecer la situaci\u00f3n existente con anterioridad al cumplimiento de lo acordado en el contrato\u201d (Gil y Letelier, 2025, p. 471).<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPuede reclamar una indemnizaci\u00f3n por el dolo que sufri\u00f3? No ser\u00eda f\u00e1cil identificar un perjuicio. S\u00ed, podr\u00edamos imaginar, que el enga\u00f1o acerca de la solvencia de los garantes caus\u00f3 un perjuicio en t\u00e9rminos de exigencia de un mayor precio, pero el punto se convierte en abstracto, toda vez que la privaci\u00f3n de efectos que deriva de la nulidad torna irrelevante el precio, porque vuelve las cosas al estado anterior a la celebraci\u00f3n del contrato.<\/p>\n\n\n\n<p>No hay excusa: quien enga\u00f1a al enga\u00f1ador no tiene ni un d\u00eda de perd\u00f3n. El dolo, como el fraude, todo lo corrompe.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"bs-widget-title one\"><h4 class=\"wp-block-heading\"><span><i class=\"fas fa-arrow-right\"><\/i><\/span><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong> <\/h4><div class=\"border-line\"><\/div><\/div>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Alcalde, E. (2023). <em>Desacuerdos entre voluntad real y declarada<\/em>. Editorial Jur\u00eddica de Chile.<\/li>\n\n\n\n<li>Alessandri, Arturo (2011). <em>De los contratos<\/em>. Editorial Jur\u00eddica de Chile.<\/li>\n\n\n\n<li>Fuenteseca, C. (2002). <em>El dolo rec\u00edproco<\/em>. Dykinson.<\/li>\n\n\n\n<li>Gil, R. y Letelier, P. (2025). <em>Derecho de obligaciones<\/em>. Tirant Lo Blanch.<\/li>\n\n\n\n<li>Grasso, M. (2020).<em> El dolo rec\u00edproco en el Derecho chileno, <\/em>en Elorriaga, F. (ed.), <em>Estudios de Derecho Civil XV. XVII Jornadas Nacionales de Derecho Civil<\/em> (pp. 605-622). Thomson Reuters.<\/li>\n\n\n\n<li>Le\u00f3n, A. (1979). <em>La voluntad y la capacidad en los actos jur\u00eddicos <\/em>(3\u00aa ed.). Editorial Jur\u00eddica de Chile.<\/li>\n\n\n\n<li>Rubio, F. (2021). <em>Algunas consideraciones sobre el llamado dolo bueno y su vigencia en el derecho del consumo<\/em>, Isler, E. (ed.),&nbsp;<em>Seguridad y conformidad en el Derecho de Consumo:&nbsp;Reflexiones actuales<\/em>&nbsp;(pp. 323-348). Tirant Lo Blanch. <\/li>\n\n\n\n<li>Ugarte, J.J. (2024). <em>Curso de Derecho Civil<\/em>, t. II. Legal Publishing.<\/li>\n<\/ul>\n\n\n<div class=\"taxonomy-post_tag wp-block-post-terms\"><span class=\"wp-block-post-terms__prefix\">Etiquetas: <\/span><a href=\"https:\/\/eloficio.cl\/index.php\/tag\/dolo\/\" rel=\"tag\">dolo<\/a><span class=\"wp-block-post-terms__separator\">, <\/span><a href=\"https:\/\/eloficio.cl\/index.php\/tag\/formacion-del-contrato\/\" rel=\"tag\">formaci\u00f3n del contrato<\/a><\/div>\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\" style=\"font-size:15px\">Cr\u00e9dito imagen: Luis Paret y Alc\u00e1zar, <em><a href=\"https:\/\/commons.wikimedia.org\/wiki\/File:La_Celestina_y_los_enamorados_(Paret).jpg\">Una celestina y dos amantes<\/a><\/em>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Partes que se enga\u00f1an rec\u00edprocamente Dos empresas, que llamaremos V y C, negocian. 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